¿Podría la IA ayudarnos a encontrar personas después de una catástrofe?
13 de agosto de 2026 · 6 min de lectura

El terremoto que sufrimos los colombianos ha demostrado que somos un país unido. Y aunque, en catástrofes a nivel mundial, puede parecer una frase de cajón, debido a que cada comunidad tiene un instinto de supervivencia y de colaboración, nosotros, por cultura, tenemos ese calor humano, exaltado por una capacidad de liberar descontroladamente nuestras emociones. Por algo, en múltiples ocasiones, hemos sido resaltados como uno de los países más alegres.
Esas emociones no siempre son de alegría. Simplemente somos lo que sentimos. Cuando estamos alegres, bailamos, reímos y gozamos. Cuando estamos ofuscados, gritamos, ofendemos y muchas veces hasta los golpes nos vamos. Y cuando estamos dolidos, simplemente lloramos y actuamos.
Somos humanos por naturaleza, alejando muchas veces la racionalidad y sobreponiendo los sentidos.
Precisamente esa parte humana es la que, en este momento, nos ha hecho infinitamente frágiles, pero al mismo tiempo, gestores en acción.
Desde Medellín pude ser partícipe de esa tragedia y, aunque en esta parte del país no hubo afectaciones, pude sentir cómo la tierra se movía, escuchar el sonido de los edificios, la angustia y el nerviosismo de la sociedad y el desespero por saber de nuestros seres queridos.
Dada la magnitud del impacto recibido en esta parte del país, es fácil para nuestra imaginación recrear el sentir de las verdaderas víctimas de esta catástrofe.
Es ahí donde, como alguien que alcanzó a respirar la tragedia y como colombiano, desde mis capacidades, he pasado horas observando videos, entendiendo los sismos, escuchando números y, desde mi profesión, buscando maneras solidarias de ayudar.
Entre noticieros, redes y demás medios encontré un patrón: gente desaparecida, familias desesperadas buscando algún familiar entre los escombros u hospitales.
Inicialmente, pensé en realizar un MVP cuyo objetivo fuera ayudar al encuentro de las personas con sus familiares.
El sistema sería simple, pero podría ser eficaz: centralizar todos los reportes a través de una interfaz intuitiva y fácil de usar, en la cual los hospitales y diferentes centros de cooperación tuvieran la capacidad de subir inmediatamente las fotos de las personas que llegan sin acompañante, junto con sus datos básicos.
Por otra parte, los familiares podrían registrar a sus seres queridos desaparecidos y, a través de IA, agilizar el proceso de búsqueda dentro de la base de datos. El sistema podría realizar reconocimiento facial sobre los rostros registrados, encontrar posibles coincidencias y presentarlas para su posterior verificación.
Pero mientras pensaba en esta idea, también empecé a preguntarme hasta dónde podría llegar la tecnología en un escenario así. La IA no tendría que limitarse al reconocimiento de rostros. Podría ayudar a clasificar y priorizar los miles de reportes que pueden aparecer durante una catástrofe, identificar en fotografías y videos posibles personas atrapadas, incendios, estructuras colapsadas o vías bloqueadas, y analizar imágenes para determinar las zonas con mayor afectación. Incluso, combinando la ubicación de los incidentes, el estado de las vías y la disponibilidad de ambulancias, hospitales y equipos de rescate, podría ayudar a sugerir dónde deberían dirigirse primero los recursos disponibles.
En un escenario donde miles de reportes pueden llegar simultáneamente desde diferentes fuentes, quizás el verdadero valor de la IA no estaría solamente en encontrar una respuesta, sino en convertir una cantidad abrumadora de información en información priorizada y accionable para quienes tienen que tomar decisiones.
Dicho sistema seguramente podría ampliar aún más su funcionalidad, agregando puntos de afectación, edificios pendientes de revisión y muchas otras variables. Pero el principal foco seguiría siendo uno: livianar la angustia de las personas y ayudar a quienes están intentando responder ante la tragedia.
Dada su relativa simplicidad, pensé en implementarlo. Sin embargo, durante mi propia validación mental apareció otra premisa, por la cual decidí escribir sobre la idea en lugar de desarrollarla.
A la fecha en que una herramienta de este tipo pudiera ser implementada, gran parte de las personas desaparecidas ya habrían sido encontradas o registradas por otros medios. Entonces aparece una pregunta inevitable: ¿para qué implementar una solución cuando el mayor volumen de víctimas ya ha sido identificado o localizado?
Y aunque una herramienta así probablemente no tendría la eficacia necesaria para resolver el problema en ese momento, sí podría haber hecho algo diferente: reducir la angustia, centralizar la información y facilitar la búsqueda durante esas primeras horas en las que la incertidumbre parece interminable.
Sin embargo, pensando en futuros siniestros, considero que una herramienta de este tipo podría ser de gran ayuda.
Pero esto me llevó a entender algo mucho más importante: para que este producto sea realmente viable, tendría que existir en sociedad con los gobiernos y las instituciones.
Los medios de comunicación, hospitales, organismos de socorro y demás entidades deberían promover y utilizar la herramienta para que realmente pudiera convertirse en un sistema común, universal y confiable para una sociedad.
“Porque quizás el problema no sea crear la tecnología. Quizás el verdadero problema sea conseguir que, cuando llegue el momento en que más la necesitemos, todos estemos conectados.”
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